Se ha hablado muchísimo sobre las rentabilidades de los fondos de pensiones. Opiniones de todo tipo nacen de toda clase de personas, y sinceramente llama la atención el poco sustento técnico de algunas declaraciones. El otro día escuché, en una conversación entre amigos de la familia, que la rentabilidad promedio anual para el fondo A era menor a un 2%. Esa afirmación, que debiese contener una serie de información adicional sobre el método de cálculo, periodo que se consideró, tipo de rentabilidad (real o nominal), entre tantas otras componentes técnicas, fue hecha con total seguridad por alguien que, probablemente, desconocía totalmente la importancia de incluirlas.

El problema no es haber oído una vez a alguien afirmar algo así sin fundamentos. El problema es escuchar constantemente -como dije al comienzo- a personalidades de todos los mundos imaginables meter su cuchara en el tema, algunos con poco o nulo conocimiento de la ciencia financiera. Así, las afirmaciones sobre las rentabilidades ofrecidas por las AFP's en los distintos multifondos triunfan y claudican en una danza desordenada que se mezcla con opiniones políticas de todo tipo. No estoy en desacuerdo con el debate y divergencia de opiniones sobre la legitimidad del sistema de pensiones en Chile. Yo mismo creo que una serie de reformas deben ser aplicadas. Lo que me inquieta es que se desparramen sobre la mesa afirmaciones que debiesen venir desde el mundo científico, del estudio bien hecho de antecedentes financieros, pero que sin embargo muchas veces carecen de todo tipo de respaldo científico.

Como mencioné, las variables que deben ser tomadas en cuenta para determinar la calidad de las rentabilidades ofrecidas por un portafolio son muchísimas: forma de cálculo, tipo de rentabilidad, plazos que se tomaron para medirla, debatir si incluir o no el efecto de algún evento puntual sobre la rentabilidad, decidir si se incluirá o no una corrección por riesgo, y quizá muchísimas más. El tema es uno de los más apasionantes en Finanzas y da para varios libros. Esta noche, sin embargo, un buen ejemplo se me vino a la mente, que me gustaría compartir: cuándo hablamos de portafolios de inversión con distinto nivel de riesgo o, en realidad, que invierten preferentemente en distintos instrumentes (renta fija v/s renta variable), los plazos a considerar importan muchísimo.

Como sabemos, el fondo A es considerado el "fondo más riesgoso" debido a su composición, mayoritariamente de renta variable (acciones, sobre todo). En el, se permite invertir no menos de un 40% y no más de un 80% del capital en instrumentos de renta variable. Esto hace que sea válido pensar que el movimiento de su valor cuota vaya relativamente a la par con los movimientos de los precios de los principales índices bursátiles los que, a su vez, muestran tendencias altamente correlacionadas.
La idea no es incluir cálculos en este post, para asegurar la mayor brevedad posible en plantear las ideas. Si asumimos que lo anterior es cierto, es decir, que podemos encontrar una correlación potente entre las fluctuaciones de los valores cuota del fondo A con los principales índices bursátiles, y de que ellos fluctúan también con una alta correlación, podemos asumir que la evolución del S&P500 (uno de los principales índices bursátiles en New York) se asemeja a la evolución del valor cuota del fondo A. Desde el 2002, al menos dos crisis financieras importantes han afectado a los mercados bursátiles: la crisis dot-com y la crisis sub-prime. Las crisis generan distorsiones a la hora de medir rentabilidades, ya que "crean" rentabilidades excesivamente bajas o excesivamente altas, según desde qué punto de la crisis te sitúes. Por ejemplo, la pendiente de la recta amarilla sería un reflejo de la rentabilidad alcanzada desde Marzo de 2009 hasta hoy (53 meses). Como se puede ver, sumamente elevada. Por otra parte, la pendiente de la recta azul reflejaría la rentabilidad alcanzada calculando apenas unos pocos meses antes (desde Octubre de 2007; 70 meses).
La teoría financiera nos dice de que, si de renta variable se trata, los horizontes que debemos tomar en consideración para un adecuado cálculo de la rentabilidad, no deben ser menores a 5 años (60 meses). Sin embargo, el mundo cambia todos los días, y cada año nos sorprende con novedades financieras que hacen cambiar el rumbo de lo previsible. Cualquiera que sea el plazo que tomemos para el cálculo de rentabilidades, creo importante mencionarlo antes de apresurar conclusiones, así como situarlo en el contexto económico de las fechas por las que se pasan, explicando si ese cálculo se ve afectado por vaivenes financieros que alteren el precio a largo plazo de instrumentos financieros volátiles, como las acciones.