En una economía tan abierta como la chilena, siempre vale la pena detenerse un segundo a pensar en el rumbo que pueden tomar los factores que inciden en el tipo de cambio. La amplitud económica de la última década ha hecho que el valor del dólar tenga cada vez más relevancia en el costo de la vida en Chile, así como en el destino que tomarán los flujos de inversión de agentes importantes como las AFP, cuyos montos invertidos superan el 108% del PIB chileno.
Cuatro factores afectarán de forma significativa lo que podemos esperar del tipo de cambio este 2014

  • Tasa de interés nacional, TPM
  • Tasa de interés internacional (especialmente U.S.A. y luego Euro y Japón)
  • Precio del cobre
  • Liquidez internacional (para inversiones financieras extranjeras)
Si bien siempre hemos sabido que en Chile el tipo de cambio está fuertemente atado al precio del cobre, no es mucho lo que podemos decir sobre su evolución, más que no hay motivos para esperar que suba por sobre los 3,2 USD/libra actuales, todo lo contrario. Vale la pena recordar que el presupuesto 2014 fue elaborado con un precio a largo plazo de 3,04 USD/libra. Sólo 16 centavos nos separan de la proyección de precio del cobre para la elaboración del presupuesto 2014, lo que equivale a sólo un 5% de su precio actual. Pero ese es un huevo de otra canasta, un problema que pertenecería a un post con otro título. En definitiva, no hay motivos para esperar un incremento sustantivo en el precio del cobre, si no todo lo contrario, como se ha dicho.
Respecto al interés internacional, la Reserva Federal norteamericana acaba de escoger a un nuevo líder, una mujer, Janet Yellen, quién se ha mostrado cauta respecto a retirar los estímulos monetarios del programa QE3 en Estados Unidos. Sin embargo (al menos hasta donde sé), la FED durante esta nueva administración no ha entregado una declaración oficial respecto al término del programa. Hay que recordar que el año pasado, Ben Bernanke había dado luces de que el programa podía ver su fin a mediados de este año. Como sea, es claro que la relajación cuantitativa no puede durar por siempre, y las presiones políticas en Estados Unidos indican que el QE3 es algo que podemos dar cada vez por menos seguro.
Una relajación de la actual relajación cuantitativa (suena mucho más relajado de lo que es) haría retomar el camino al alza de las tasas de interés en Estados Unidos, al mismo tiempo que disminuiría la liquidez para inversiones riesgosas por parte de los agentes de inversión. Me refiero específicamente a inversiones de tipo "carry-trade", consideradas riesgosas, florecieron durante la época de mayor relajación cuantitativa aprovechando la sinergia de un alto diferencial de tasas y tipo de cambio que se apreciaba, sobretodo en economías emergentes como Chile.

Un inminente fin -o disminución- de los programas de relajación cuantitativa revertiría esta situación. Un aumento en las tasas norteamericanas disminuiría los flujos de capitales a economías emergentes, sobretodo si sus monedas dejan de apreciarse dinámicamente como lo hacían hace poco.
Una forma de responder a esto y de incentivar la entrada de capitales financieros con la esperanza de detener la depreciación del peso frente al dólar es que el Banco Central siga disminuyendo la tasa de interés. ¿Pero hasta qué punto estarán las autoridades monetarias dispuestas a hacer eso?
No tenemos idea de cuánto o qué tan rápido pueden subir los intereses en Estados Unidos. Ni siquiera sabemos si esto efectivamente ocurrirá, ya que no hay certeza alguna respecto al retiro de los programas QE y aún que la hubiese, este nivel de inyección de dinero no tiene precedentes en la historia. Tampoco me atrevería a aventurar juicios respecto a las decisiones del Banco Central en relación a seguir moviendo la TPM.
Una cosa es cierta: en este año que recién comienza, todos los engranajes parecen apuntar hacia un tipo de cambio cada vez más alto, con todas las consecuencias económicas que ello trae.