La tasa de política monetaria (TPM) es la tasa a la cuál el Banco Central presta dinero a bancos e instituciones financieras para cubrir déficits cortos, de algunos días por lo general. Históricamente ha sido el instrumento de política monetaria por excelencia, siendo capaz de regular los ritmos de consumo e inversión y con ello los ciclos económicos. Sin embargo, como revisamos en el post anterior, surgen señales que sugerirían limitaciones importantes a la capacidad de futuras intervenciones en la TPM para ayudarnos a suavizar este bajón económico. Conversamos sobre la inflación y el tipo de cambio, pero al parecer la historia no se detiene ahí.
Los efectos de la disminución de la tasa de interés sobre el tipo de cambio podrían ser lo suficientemente potentes como para retardar el flujo de importaciones, pero no sólo de importaciones de bienes de consumo  (durables y no durables) y de bienes intermedios. También (y mucho más alarmante), el ingreso de bienes de capital.
Recordemos que en economías en vías de desarrollo como la chilena, la capacidad productiva depende fuertemente de la importación de bienes capaces de generar producción (bienes de capital), debido a la inferioridad de las tecnologías desarrolladas domésticamente.
El gráfico muestra la evolución de las importaciones de bienes de capital desde octubre de 2012 -pocos meses después que la economía chilena mostrara sus primeras señales de desaceleración- hasta la fecha, junto con la evolución en en el tipo de interés de los bonos del Banco Central de 1 año de maduración.

La situación es especialmente preocupante si consideramos que actualmente la TPM se encuentra en 3,75%, una nueva caída se nos viene seguro en la próxima reunión de política monetaria, y consideramos que el mercado espera que este año la tasa no supere el 3%. A medida que la desaceleración se profundiza, más argumentos tenemos para esperar del Banco Central una actitud agresiva en cuánto a tasa de interés.
Como muchas cosas en economía y finanzas, un tipo de cambio alto tiene dos caras: las de los beneficiados y la de los perjudicados. La competitividad de las exportaciones chilenas se verá muy beneficiada, aumentando la producción y actividad de ese sector. Sin embargo, en mi opinión, la reducción en las importaciones de capital debiese estar en el centro de la atención de las autoridades económicas y monetarias. Un tipo de cambio alto puede sacar sonrisas a exportadores, pero si las importaciones de capital siguen acompañando al interés del ente emisor en su racha a la baja, probablemente estemos sacrificando crecimiento futuro en cantidades difíciles de compensar.