Hoy tuvimos dato de inflación: 0,2%. En los últimos años, los datos de inflación no han sido gran noticia y ni siquiera nos han preocupado demasiado: desde el 2010 vivimos tiempos de estabilidad financiera y macroeconómica, pero hoy el panorama es distinto. Desde octubre del 2012 comenzamos a ver las primeras señales de una desaceleración que, a medida que pasa el tiempo, se augura más y más profunda. Con todo, el Banco Central ha tenido que salir a incentivar el consumo y la inversión -fuertemente deprimida por un bajo precio del cobre, producto de una menor demanda en Asia- presionando a la baja la tasa de interés. Desde inicios de este año los recortes en 25 puntos base se han vuelto algo recurrente, y en cerca de un año hemos pasado de un 5% al 3,75% actual, aunque con la cautela suficiente como para no presionar más de lo debido la inflación. Aunque el rango meta de largo plazo del Banco Central es 3%, lo único claro es que este año esa cifra será muy sobrepasada. Lo que no está claro es ¿Cuánto?
Pero la inflación no pareciese ser nuestro único problema, o siquiera el más grande. Como economía emergente y, con un mercado financiero bastante desarrollado si se la compara con otras similares en la región, los cambios en las tasas de interés domésticas condicionan poderosamente los flujos de capitales financieros, y con ello el tipo de cambio. El gráfico muestra la evolución de las inversiones financieras internacionales en Chile (pasivos financieros) junto a la evolución en el tipo de cambio.

La extraordinaria apertura económica nacional, que es probablemente uno de los pilares de nuestra notable estrategia de crecimiento, muestra a veces un lado negativo, como todas las cosas en la vida. Un tipo de cambio elevado nos expone a una inflación elevada, así como a otras consecuencias macroeconómicas y financieras sobre las que espero reflexionar más profundamente en un próximo post este domingo o lunes. No obstante posibles ramificaciones del problema del tipo de cambio o de posibles soluciones al mismo, pareciese que más temprano que tarde hemos de llegar a un punto en que la política monetaria por sí sola no sea capaz de hacernos más llevadero este bajón económico sin implicar importantes trade-offs con aspectos como la inflación.
Quiero terminar este post con esa breve reflexión: la capacidad de la política monetaria para acelerar la economía chilena es limitada, y si queremos pasar esta parte baja del ciclo de la mejor manera posible, es muy sensato pensar que puros recortes de TPM no sean suficientes.